Autores, Editores y Viceversa.

Si de algo no soy sospechoso es de defender a las editoriales. De hecho, muchos editores, al conocerme en persona, me dicen que les meto mucha caña. Y tengo que darles la razón, porque sinceramente pienso que hay muchas cosas que podrían hacer mejor.

Pero nosotros, los autores, también podríamos mejorar en muchos aspectos; nos falta autocrítica. Y nos quejamos mucho, pero en no pocas ocasiones los consejos, peticiones y sugerencias que nos hacen los editores a menudo las ignoramos, pensando que nos las hacen para tocarnos los cojones, porque no tienen ni idea o porque su papel como editores es ese, sin detenernos a pensar en los porqués que hay detrás, ni si estarán justificados.

Y luego nos quejamos (me incluyo) de que no apuestan lo suficiente por el producto nacional, de que no arriesgan. A menudo decimos que si apostaran de verdad por nuestros proyectos podríamos crear una industria más fuerte y duradera. Y en parte es verdad: autores con talento e ideas tenemos de sobra. Lo que nos falta a veces, sobre todo cuando empezamos, es profesionalidad, y ese es uno de los factores que puede hacer que a un editor le eche para atrás volcarse en un nuevo proyecto, por prometedor que este sea. Cuando un editor decide apostar por un proyecto nuevo, el autor (o los autores) no puede fallar, no puede permitirse retrasos ni errores demasiado grandes. Porque cada uno de ellos perjudica al proyecto y, a la postre, a sí mismo. Porque las editoriales no son mecenas ni ONGs, sino empresas que, como tales, buscan rentabilidad, y si el producto por el que han apostado no les es rentable, es muy probable que no vuelvan a dar una segunda oportunidad a ese autor. Muchos pensaréis que este ejemplo que estoy poniendo (retrasos, errores por parte de los autores) debe suceder en pocas ocasiones, pero por lo que sé sucede demasiado frecuentemente todavía.

Por otro lado, no toda la culpa la tienen los autores: los editores tienen que asumir su responsabilidad también, y esa es principalmente pagar muy por debajo de lo que se paga en otros mercados como el americano o el del resto de Europa, en ocasiones cifras realmente ridículas y escandalosas. ¿Cómo va a sentirse motivado un autor si no le salen a cuenta las horas que le va a dedicar a ese proyecto, por mucho que sea suyo y que quiera verlo publicado? Todavía no entiendo como hay autores en nuestro país que sacan adelante obras a las que han dedicado un año entero de trabajo a cambio de, por ejemplo, 2.000 €… Por eso pienso que este factor, el monetario, debería revisarse y, si la editorial no tiene suficientes recursos, quizás debería apostar por menos proyectos pero pagándolos mejor. Ya se sabe: el que mucho abarca poco aprieta.

Volviendo a los autores, también tendríamos que reconocer que muchas veces nos sobra soberbia y nos falta perspectiva; tenemos tan claro el éxito de nuestro proyecto que lo vemos en nuestra mente convertido en un súperventas que va a ser conocido y alabado en todo el planeta Tierra y varias galaxias más allá. Y eso, el 90% de las veces, no es así. Nuestro hijo siempre será el más guapo del mundo, pero sólo para nosotros, y hasta que no entendamos eso seguiremos dándonos de cabezazos contra la pared cada vez que nos devuelvan una propuesta de proyecto.

Por todo esto que acabo de comentar, no es de extrañar que las editoriales se vuelquen en obra extrajera con un reconocimiento y una rentabilidad asegurada, y a menudo con una campaña comercial que ya les viene hecha, o en nuevos proyectos que tengan una base de lectores garantizada, como pueden ser franquicias o spin-off de películas, series o videojuegos de moda. Muchas de estas obras, criticadas hasta la náusea, son las que sostienen la industria de nuestro país, nos guste o no, y si estas no existieran tampoco habría oportunidades para los nuevos autores que aparecen.

También tendemos a menospreciar las obras realizadas por encargo, aunque curiosamente para algunos no es lo mismo dibujar por encargo una historieta de Spiderman que una basada en las aventuras de un personaje famoso (meloxpliquen, por favor). Pero vamos, que no es nada nuevo: mientras en EEUU los ghostwriter (llamados “negros literarios” aquí —horror de apelativo, por cierto—) llevan años trabajando sin ningún problema e incluso sus nombres aparecen en las portadas de muchos de los libros que escriben, aquí en España siguen siendo considerados lo peor de lo peor, poco más que mercenarios que venderían a sus madres por un plato de lentejas y que hay que mantener ocultos y alimentados en sótanos lúgubres a los que nadie pueda acceder. Cómo si el resto de la humanidad no trabajara a cambio de dinero…

Portadas

Lo que mucha gente no sabe es que muchos de estos autores normalmente también tienen su obra propia o están trabajando o formándose para tenerla algún día, y que es justamente gracias a estos encargos remunerados que pueden hacerlo. De hecho, trabajar por encargo ayuda, y mucho, a crear y mejorar esa faceta que falla en muchos autores; la de la profesionalidad. Muchos autores no hubieran llegado a ser lo que son hoy en día si no hubieran empezado trabajando por encargo. Por poner un ejemplo que conozco de cerca: ¿hubiera llegado a trabajar Carlos Pacheco para Marvel de no haber realizado tantas portadas por encargo para Cómics Forum? Pues seguramente hubiera llegado a dibujar cómics, porque tiene el talento necesario para ello, pero nunca sabremos si hubiera llegado tan lejos sin aquellos encargos que en nada se diferencian de realizar una portada para el libro del youtuber de turno.

Para finalizar, me gustaría dirigir una pregunta a todos aquellos que aseguran que estas obras están robando lectores a otras obras mejores y oportunidades a los autores de verdad (como si los que trabajaran en estas no lo fueran):

¿Conocéis a alguien que haya dejado de leer lo que acostumbraba (si es que leía algo) para leer estas obras?

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Comments

  1. Suscribo en prácticamente todo. Y lo sabes. 🙂

  2. Muy bueno y para tomar en cuenta

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