La cruda realidad del guionista novato (III)

El propio nombre que nos define (guionista) puede llevar a equívoco y hacer creer que lo único que hacemos es sentarnos frente a un ordenador y escribir guiones, pero mi experiencia me ha enseñado que ese calificativo no nos hace justicia en absoluto, de ahí que haya decidido escribir este artículo, con el fin de intentar que se entienda y se valore un poco más nuestro trabajo.

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¿Qué tareas hace un guionista?

1) Dar con una buena idea.

Las buenas ideas no caen de los árboles ni las regalan con las bolsas de Pelotazos. Dicha esta obviedad, ahí va otra: dar con una idea original, impactante y atrevida no es fácil. Mucho menos en el siglo en el que estamos, donde todo está ya inventado e interconectado, de manera que lo que se te pueda ocurrir probablemente se le habrá ocurrido antes a alguien en la otra punta del planeta.

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¡Tengo una idea de la hostia!

Esta circunstancia obliga al guionista a estar al día de todo lo que se produce dentro de su campo, con el fin de que en el futuro no se pueda hablar de plagios, casualidades, inspiraciones u homenajes dudosos. En mi caso me he encontrado con cuatro ideas muy similares a otras tantas que había tenido. Alguna la he tenido que descartar, por ser demasiado parecida, y al resto he tenido que darles más de una vuelta antes de poder seguir trabajando en ellas.

En resumen, llegar a tener una buena idea requiere de mucho tiempo de observación, asimilación y documentación. Tener imaginación ayuda, pero no es suficiente.

2) Transformar esa buena idea en una historia con posibilidades.

Por norma general, con una buena idea no basta. Esta puede ser algo tan simple como un paisaje, un personaje, una frase o una escena que enciende todas las alarmas del escritor y le dice que allí hay algo con potencial. Suele ser sólo un desencadenante, los cimientos sobre los que construiremos una historia con un principio, un nudo y un desenlace, y donde situaremos a los personajes que se moverán por ella.

Si ya es difícil plantear una historia de principio a fin, al mismo tiempo se tiene que estudiar cual es la mejor manera de contarla para hacerla atractiva (esto puede incluir desde estilos narrativos y visuales al formato final). Y a esto hay que sumarle que una buena historia tiene que ir acompañada de cierta coherencia que impida que se desmonte a la mínima; da igual que la historia sea de fantasía, de ciencia ficción o histórica, el lector tiene que creérsela o no funcionará.

Ligada a la mencionada coherencia está la labor de documentación, que puede ser más o menos ardua según el guión que afrontemos, pero que muchas veces obliga al guionista a invertir horas y horas en tareas de investigación.

Ahora hablemos de los personajes: estos son parte esencial de la historia, son los que hacen que esta avance. Por eso es imprescindible construir personajes atractivos, que cumplan su función y que, además, sean tridimensionales. Una buena historia siempre se recuerda por los personajes memorables que descubrimos en ella: con los que nos identificamos, a los que odiamos o por los que sentimos pena…

La triste realidad es que tras todo este trabajo el lector/espectador la mayoría de las veces sólo ve la punta del iceberg, atrás quedan partes de la historia descartadas, personajes olvidados y mucho trasfondo que está ahí sólo para poder ser rescatado cuando sea necesario; muchas veces pensando en un futuro que nunca llega. En definitiva: muchísimas horas de trabajo que no se ven reflejadas en la obra final.

3) Escribir el guión.

Una vez tenemos clara la historia que queremos contar, los personajes planteados y recopilada la documentación que necesitaremos, empieza el proceso de escritura del guión. Aquí poco hay que añadir, aparte de la obviedad de que el guión y el estilo que le imprimamos debe ir al servicio de la historia y del medio o formato en el que pensemos que acabará contándose. No es lo mismo un guión de cómic que uno de cine, aunque tengan muchas similitudes, como no es lo mismo guionizar un largometraje que una serie de televisión.

Esta fase, que es la más visible y la única cuantificable, es probablemente una de las que menos tiempo lleva, aunque todo depende del nivel de descripción requerido y del grado de control que el guionista quiera imprimirle a la obra. Estos dos factores dependen mucho del formato final y de los que están al otro lado, ya sean dibujantes, directores, editores o productores. A veces toca reescribir mucho y otras la cosa sale a la primera.

Sea como sea, al escribir un guión (tengamos en cuenta que a veces lo escribimos sin saber qué va a ser de él), tenemos que tener en mente a la/s persona/s que lo va/n a transformar luego en cómic, película, obra de teatro, serie de televisión, etc, para intentar potenciar sus virtudes y minimizar sus defectos. Esto implica muchas veces una tarea de ensayo y error hasta que empiezan a surgir sinergias entre todos los involucrados. Unas sinergias que no siempre surgen y que obligan a buscar nuevos aliados para llevar a buen puerto el proyecto.

4) Mover el guión.

Una vez tenemos el guión (no siempre es imprescindible tenerlo completo para empezar a moverlo), toca buscarle una salida.

Pero dependiendo del formato en el que hayamos pensado, tocará buscar un aliado (o más de uno), para poder preparar una propuesta. El ejemplo más claro es el del cómic: es muy difícil que una editorial contrate un guión tal cual; normalmente quieren ver páginas terminadas y les basta con leer una sinopsis de la historia.

A la hora de buscar socios, estaremos obligados a pasar por la fase que he comentado en el último párrafo del punto anterior. Si se puede contar con alguien con el que se haya trabajado bien antes se puede ahorrar mucho tiempo, pero cada proyecto es diferente y lo más probable es que necesitemos a un aliado que aporte habilidades distintas.

Dentro de este apartado, en el que trabajaremos codo con codo con nuestros socios para desarrollar la propuesta, armémonos de paciencia y asimilemos cuanto antes que probablemente tendremos que perseguirlos y pelear mucho para poder ver la propuesta terminada. No tengamos miedo de hablar claro, pero también es importante tener muy presente que nos tocará ceder en no pocas ocasiones.

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Guionista controlando a dibujante.

También es muy común que los guionistas acabemos llevando a cabo labores que no nos son propias. Centrándonos en el mundo del cómic, que es el que más conozco, no son pocos los guionistas que además rotulan las páginas que formarán parte de la propuesta editorial, o que incluso preparan el book final de la propuesta.

Por último, también nos suele tocar a nosotros movernos para conseguir traducir la propuesta a distintos idiomas si es necesario. Y si no podemos traducirlo nosotros mismos, nos tocará buscar traductores.

Volviendo a lo de mover el guión, tanto si lo enviamos tal cual (junto a la obligada sinopsis, obviamente) como si enviamos una propuesta con material adicional, nos tocará antes estudiar a un montón de editoriales o productoras para averiguar cuales pueden estar interesadas en nuestra historia. Enviar la propuesta sin ton ni son NUNCA es buena idea, porque las habrá que no estén en absoluto interesadas en el tipo de propuesta que les mandemos y puede que, para cuando tengamos algo que sí encaje con su línea editorial o de producción, ya ni se molesten en atendernos.

Una vez tenemos la lista definitiva, enviaremos la propuesta y ya sólo nos quedará cruzar los dedos y armarnos de paciencia. Otra vez.

Mientras esperamos, lo suyo es ponernos con nuevos proyectos, ya que las editoriales/productoras suelen tardar en responder. Eso cuando lo hacen.

5) Negociar con las editoriales/productoras.

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Esta es otra tarea que suele recaer en los guionistas, aunque la propuesta se haya elaborado en equipo. Con la excusa de que la historia es nuestra (incluso en el caso de que se haya parido entre todos), nos dicen que nosotros estamos acostumbrados a escribir, a explicar, a defender nuestras ideas, etc, etc… y por ahí nos la cuelan. Sea como sea, acostumbrémonos a que seremos nosotros los que generalmente acabaremos negociando el futuro del proyecto.

Por último, si nuestra propuesta es aprobada y conseguimos firmar un contrato, sólo nos quedará rezar porque el equipo que viene detrás transforme nuestro guión en algo tangible y, a poder ser, de éxito.

Y mientras esperamos a que eso suceda, volviendo al final del punto anterior, lo mejor es ponerse buscar una nueva idea con potencial de la que podamos sacar una buena historia. Porque la espera puede ser muuuuuy larga.

Suerte, amigos guionistas. La váis/vamos a necesitar.

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